Estoy orgulloso de ti

Carta abierta a Alfredo Pérez Rubalcaba

Es curioso lo que pasa contigo, Alfredo. Y es todo un síntoma de lo que nos está pasando.

Todas las personas sensatas que conozco, dentro y fuera del Partido Socialista, admiten que, de todos los políticos socialistas en activo, eres el mejor con diferencia.  El más capacitado, el más inteligente, el que mejor conoce el oficio, el mejor en la tribuna, el mejor en los acuerdos, el mejor en los contenidos, el que tiene más clara España en su cabeza … y también el más experto, qué diablos, que para algo valdrá eso  cuando se trata de gestionar la complejidad.

Pero todas esas personas sensatas, y muchas más que no lo son, afirman con la misma unanimidad que te tienes que ir y dejar tu lugar a alguien que, si se acepta la primera premisa, será necesariamente menos bueno que tú para este trabajo.

Desde un punto de vista racional, la contradicción es evidente. Pero lo peor, lo más preocupante, es que ambas cosas son ciertas. Es cierto que eres el mejor; y ha terminado siendo cierto que te tienes que ir.

Es un síntoma más de la deriva neurótica que se ha apoderado desde hace años de la política española; una deriva con empezó con la A del encanallamiento del debate político y el sectarismo convertido en principio doctrinal, y dio paso a la Z de la apoteosis de la banalidad, el gesto vacuo e impostado y las decisiones trascendentales tomadas con criterios superficiales.

En la política y en la vida social, los estereotipos son como vendas  en los ojos que nos ponemos para vivir más cómodos; para que la realidad sea no tal como la veríamos si mantuviéramos los ojos abiertos, sino tal como nos la cuentan los que se adjudican el papel de intérpretes y prescriptores, evitando que caigamos en lo que los viejos clericales (vaya redundancia) llamaban “la funesta manía de pensar”.

Es cierto que algunos estereotipos son inevitables; incluso muchos de ellos tienen fundamento. Pero cuando todo lo que nos rodea es un gigantesco estereotipo o una colección de burdos estereotipos simplificadores convertidos en axiomas, ha llegado para el pensamiento libre el momento de rendirse .

Eso es exactamente lo que te pasa y lo que nos pasa, Alfredo. Que ha llegado el momento de rendirse. Porque además, seamos sinceros, algo hemos contribuido también nosotros a que las cosas hayan llegado a este punto. Como mínimo, hemos sido colaboracionistas con la dictadura del estereotipo maniqueo y de las frases simples que no transmiten ideas complejas, sino que las destruyen.

En la política española, a los 40 años se te considera aún una “joven promesa”.

Hoy mismo tenemos a dos candidatos a la Secretaría General del PSOE que están en torno a esa edad y de los que hablamos con displicencia, como si se tratara de dos juveniles recién llegados al primer equipo (olvidando, por cierto, la edad en la que gente como Suárez, González, Aznar o Zapatero llegaron a ser Presidentes del Gobierno).

Pues resulta que a uno de estos dos “chavalitos” le va a tocar conseguir no ya que este equipo gane la Champions sino salvar la permanencia en primera división, así que, por propio interés, más nos vale empezar a tomarlos en serio.

Pero es que aquí, a partir de los 60 eres ya una carcamal que debes empezar a pensar seriamente en la retirada.

Hillary Clinton se presentará probablemente a las elecciones presidenciales con 69 años. Reagan ganó sus primeras elecciones a los 70 y repitió a los 74; Winston Churchill, con 66 años, se puso al frente de su país en plena guerra mundial y lo condujo a la victoria. En Uruguay, Tabaré Vásquez, con 74 años, se dispone a luchar por la sucesión de José Mújica, que tiene 79 y ha de dejar la Presidencia -con gran dolor de la mayoría de sus ciudadanos- no por la edad, sino por imperativo constitucional. Y Roosevelt (para mí, el político más importante del siglo XX) primero sacó a su país de la Gran Crisis del 29 y luego salvó a Europa del nazismo: todo ello, gobernando desde una silla de ruedas.

La lógica dice que si te dedicas a esto, a los 40 años no eres un novato, sino que tienes que ser ya un político profesional hecho y derecho, perfectamente preparado para cualquier responsabilidad; y que a los 60 estás muy lejos de ser un tipo acabado que tiene que irse con el peregrino argumento de que “lleva mucho tiempo”. Pero aquí, la vida útil de un político no es mucho más larga que la de un futbolista. Y te aseguro que eso no hay quien lo entienda fuera de este corral  desquiciado.

En España, la política es la única actividad profesional en la que la experiencia se considera un demérito y la inexperiencia un mérito. Y los partidos políticos son las únicas organizaciones de cualquier tipo que se hacen daño a sí mismos a sabiendas: no es que se equivoquen como cualquiera, sino que hacen cosas que les perjudican sabiendo de antemano que les van a perjudicar.

Todo esto es pura neurosis: “dos y dos son cuatro, pero yo no lo soporto”.  A mi juicio, esta es la síntesis del estado de la política y de la opinión pública española a día de hoy.

Pero perdona por este largo excurso-desahogo y volvamos a ti.

Por abreviar, pasemos por alto tu trayectoria política anterior, incluido el “pequeño detalle” de haber sido el principal artífice -no el único, pero sí el principal- del final del terrorismo de ETA (lo que ya justifica una vida política entera).

En estos últimos 3 años y medio has sido víctima de dos de esos estereotipos confundidores de los que hablaba antes:

El primero es el de tu supuesta “ambición de poder”, que te habría llevado a presentarte primero a las elecciones generales  y después al Congreso del PSOE.

Me consta que aceptaste la candidatura del PSOE en las elecciones de 2011 sabiendo perfectamente lo que te esperaba. Tenías información más que suficiente para saber cuál sería el resultado de esas elecciones; y sabías también que nada de lo que tú hicieras, o de lo que nadie hiciera, podría cambiar ese desenlace, porque esas elecciones estaban resueltas desde muchos meses antes: como mínimo, desde el 10 de mayo de 2010.

En esas condiciones y con esa consciencia, asumiste lo que a todas luces era un sacrificio anunciado. Por cierto, quien te embarcó en esa aventura imposible y tenía más obligación moral que nadie de ayudarte en tal circunstancia, te sembró el camino de obstáculos; y este es el día en que aún no ha salido de tu boca una palabra de reproche.

Pasó lo que tenía que pasar, lo que tú sabías que pasaría; y te viste ante otra decisión complicada.

Esto también me consta, puedo testificarlo: tras la catástrofe electoral, decidiste presentarte a la Secretaría General del PSOE, violentando todo lo que te decían tu razón política y tu inclinación emocional, con el único propósito de frenar esa pulsión suicida que se apodera de nuestro partido cuando se ve en situaciones desesperadas.

Digámoslo claramente: te presentaste para evitar disparates. Y es exactamente lo que has hecho en estos dos años y medio: evitar disparates.

Pero no sólo has hecho eso, has hecho unas cuantas cosas más. Y vamos al segundo estereotipo confundidor: Rubalcaba como freno de la renovación del PSOE.

Lo único que puede estabilizar y fortalecer el liderazgo en un partido como el PSOE es partir de una auténtica renovación de las ideas. Ese fue el verdadero secreto del éxito de Felipe González: un fuerte liderazgo personal asentado en un proyecto para España perfectamente reconocible, que coincidía con lo que el país necesitaba y lo que la mayoría deseaba.

Pues bien: yo afirmo que desde 1982 ningún dirigente ha hecho tanto por la renovación del proyecto político del PSOE como has hecho tú, Alfredo, en estos difíciles 27 meses. Quitémonos la venda de los ojos y recordemos:

a) Tú fuiste el primer dirigente socialdemócrata europeo que, tras la debacle financiera del verano de 2011, pusiste en cuestión la política de austeridad a ultranza de la señora Merkel y señalaste un camino alternativo para la salida de la crisis: el camino de las primeras resoluciones del G-20 y del Presidente Obama, el camino de los estímulos al crecimiento.

Pusiste sobre la mesa una política económica alternativa frente a la crisis. Y tres años más tarde, viendo algunas de las decisiones que acaba de tomar -como siempre, a rastras y con retraso- el Banco Central Europeo, me he acordado mucho de tus discursos en la campaña electoral de 2011 y en los meses posteriores frente a los recortes del Gobierno de Rajoy.

b) Has planteado la necesidad de reconstruir el Estado Social sobre nuevas bases, que ya no pueden ser las mismas que alumbraron los Palme, Brandt y compañía, pero que tienen que conducir al mismo resultado en términos de justicia e igualdad de oportunidades. El socialismo europeo no puede vivir sólo de la nostalgia del Estado del Bienestar del siglo pasado: hay que poner en pie un nuevo modelo de Estado Social sostenible para la primera mitad del siglo XXI. Tú has impulsado ese debate en el PSOE durante muchos meses.

c) Has sido el primer dirigente del PSOE desde 1978 que ha puesto sobre la mesa el espinoso asunto de la reforma de la Constitución y el cambio democrático. Nadie antes que tú se había atrevido a hacerlo, pero sabemos hace tiempo que es imprescindible.

d) Igual que nadie antes se había atrevido a pronunciar en voz alta la palabra “federalismo” como destino natural del Estado de las Autonomías. Curioso: en un partido como el PSOE, que en sus estatutos se aplica a sí mismo la palabra “federal” en cerca de 200 ocasiones, ese mismo concepto aplicado a España ha sido innombrable hasta que un tal Rubalcaba decidió empezar a llamar a las cosas por su nombre.

Y por ese mismo camino, has hecho dos cosas más:

  • Articular en la “declaración de Granada” el único proyecto de convivencia territorial que puede mantener unido a este país y poner de acuerdo en él a todos los socialistas de España, incluidos los catalanes.
  • Y salvar, mediante equilibrios inverosímiles y un montón de talento,  lo que en algún momento parecía insalvable: la asociación entre el PSOE y el PSC, que es condición sine qua non para que el Partido Socialista pueda aspirar a ser mayoritario en España. Parecía imposible y lo lograste. El hecho de que en estos días el PSC se esté yendo por el sumidero escapa por completo a tu responsabilidad: tú has hecho todo lo que podías hacer para evitarlo.

En resumen: gracias a ti, hoy el PSOE dispone de algo que se parece mucho a un proyecto progresista para la España de los próximos años. Un proyecto que, además de ser viable, es unificador. Hay unos cuantos candidatos para dirigir el PSOE y podría haber habido más, pero no he escuchado que ninguno de ellos ponga en cuestión la nueva línea política e ideológica que salió de la Conferencia de 2013. Se diferenciarán entre sí por otras cosas, pero no por los contenidos.

¿Es eso la renovación? Probablemente, no; hacen falta muchas más cosas. Pero sin eso no hay renovación que merezca tal nombre, por muchas posturas que se pongan y muchos gestos para la galería que se  prodiguen. En esto pasa como en tantas otras cosas: unos (y unas) reclaman y proclaman la renovación mientras otros la hacen. Tú has sido de los segundos.

Como responsable político, has prestado en estos años algunos servicios a España que probablemente nunca se (re)conocerán.

Como Secretario General del PSOE, has sido a la vez estabilizador y renovador. No has vencido a la metástasis que nos consume porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible; pero en este trabajo, como en todos los que has tenido durante tu vida política, has cumplido con tu deber. Se llama conciencia profesional; por desgracia, un bien cada vez más escaso en nuestra degradada y frivolizada vida pública.

Con esa conciencia profesional y unos cuantos miles de horas de trabajo has taponado la hemorragia. Ahora vamos a quitar el tapón: crucemos los dedos y veamos qué sucede con la hemorragia.

Por todo esto, ahora que terminas esta fase de tu trayectoria política, creo que es un buen momento para decirte que,  como ciudadano de España, estoy orgulloso de ti.

Un abrazo.

 

 

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Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
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7 respuestas a Estoy orgulloso de ti

  1. Antonio Sánchez-Marin Enciso dijo:

    Me has emocionado amigo….. Suscribo punto por punto, sin querer ser repetitivo, todo tu escrito….y me siento orgulloso de él, pero no me siento orgullosos de muchos socialistas que le han despreciado, y que, incluso, por él no nos han votado …

  2. lsalaya dijo:

    Creo que encontraremos la salida y se relajará esta neurosis, pero es justo reconocer algunas cosas y es importante enfrentarnos a nuestras contradicciones.

    Muy bien. Lo imprimiré y lo guardaré en algún libro para ver si me lo encuentro en unos años y lo vuelvo a leer.

  3. Renovación dijo:

    Discúlpeme, pero me parece demagogia. Se dice que Rubalcaba fue, en pasado, un gran político, y así es. Y después, cuando se habla de renovación, no es simplemente edades…pero gente que lleva 30 años en los principales cargos orgánicos o institucionales, creo que ya está bien. Dejen a las nuevas generaciones que se organicen su sociedad. Muy grande fue Rubalcaba, pero su final agónico…por cierto, siempre República, o al menos, democráticos….

  4. ANA dijo:

    Muy buen artículo, Ignacio.

  5. Pingback: Estoy orgulloso de ti, Ignacio Varela | Diari d...

  6. Eugenia Varela dijo:

    Me gusta muchísimo. Yo orgullosa y agradecida, sí señor. Ha sido y es un gran político. Desde luego, el mejor del PSOE y de otros partidos no se me ocurre ninguno, la verdad. Sólo tengo una queja, desperdiciar como se ha desperdiciado a otro que podría haber sido grande, Antonio Gutiérrez, pero tal vez, Rubalcaba no tenga nada que ver en ese asunto.

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