Para ser ministro se puede ser meapilas, pero no idiota.

Hace años, un histórico dirigente socialista, famoso por su rapidez mental y su agudeza verbal (sí, ese mismo en el que ustedes están pensando) comentaba en privado: “Tú ves a los futbolistas. Son chicos jóvenes, muchos de ellos con escasa formación. Están todo el día en el escaparate. Les hacen entrevistas difíciles, llenas de trampas; les provocan constantemente para que hablen mal del entrenador, de sus compañeros, para que digan alguna inconveniencia. Y no meten la pata jamás. Siempre saben lo que tienen que decir y, sobre todo, lo que NO tienen que decir.” Y se preguntaba: “si eso pueden hacerlo los futbolistas, ¿por qué los políticos, a los que se supone mucho más avezados por ser profesionales de la cosa, tienen esa irresistible inclinación a irse de la lengua o a meterse en jardines absurdos cada vez que les ponen un micrófono delante”?  Y  este virus de la incontinencia imprudente afecta por igual a todos los partidos, no crean que discrimina por ideología o por el hecho de estar en el gobierno o en la oposición.

Para corroborar esa tesis, el Excelentísimo señor Ministro del Interior del Gobierno de España acaba de soltar una verdadera perla, de las que se recuerdan durante años: el matrimonio entre homosexuales no garantiza la pervivencia de la especie, ha dicho. Claro que hay que situar la chorrada en su contexto: primero, lo dijo en el Vaticano, rodeado de sotanas (de sotanas vaticanas, nada menos, que no son cualquier cosa); y segundo, lo importante no era la tesis, sino lo conclusión: en consecuencia, esos matrimonios deben tener menos protección jurídica que el matrimonio “natural” (sic).

Bueno, hay que reconocer que algo hemos avanzado: en otros tiempos, los predecesores ideológicos del Sr. Fernández hubieran reclamado directamente prisión y garrote vil para los homosexuales. Ahora ya se limita la cosa a regatearles la protección jurídica. Aunque el argumento tiene sus peligros, por que ¿qué hacemos con los matrimonios heterosexuales sin hijos? ¿Los consideramos “naturales”?, ¿Son merecedores de protección jurídica pese a que no garantizan la pervivencia de la especie?

Y sin embargo, en puridad, atendiendo a la literalidad de sus palabras y no a su intención (que salta a la vista), no le falta al señor ministro un punto de razón. Si el 100% de la población fuera homosexual y el 100% de los matrimonios fueran matrimonios gay y además monóganos, la reproduccion de la especie sería problemática. Aunque siempre nos quedaría el recurso de declarar obligatoria por decreto-ley la inseminación artificial de todas las mujeres en edad fértil, lo que ayudaría a resolver el dramático problema que valientemente ha puesto sobre la mesa el señor ministro (aunque aumentaría el déficit sanitario o habría que incluirlo en la cosa del copago).

Claro que una situación parecida se produciría si el 100% de la población entregara su vida al ejercicio del sacerdocio, circunstancia que sin duda sería mucho más del agrado de don Jorge. Eso suponiendo que, siendo todos curas y monjas, todos respetáramos el celibato o para quebrarlo no eligiéramos gentes del mismo sexo o niños (lo que, visto lo visto, resulta al menos dudoso).

En fin: al margen de la astracanada, lo intrigante del caso es imaginar el proceso intelectual a través del cual el Ministro del Interior decide que entre sus responsabilidades está manifestarse en público sobre el matrimonio homosexual y hacerlo en estos términos peregrinos. Qué clase de impulso suicida induce a un miembro del Gobierno, profesional de la política, a meterse en semejante lío del que no puede obtener otra cosa que lo que muy merecidamente ha recibido, una catarata de leches.

Se supone que ser Ministro del Interior es un asunto serio. Y qué quieren que les diga, a mí este episodio chusco me divierte  (ya corren los chistes al respecto), pero  como ciudadano me sentiría más tranquilo si el responsable de la seguridad de todos se dedicara  a lo suyo y se abstuviera de predicar mamarrachadas.

 

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Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
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Una respuesta a Para ser ministro se puede ser meapilas, pero no idiota.

  1. 141096 dijo:

    Sí, tras las palabras ridículas, obsoletas, miserables y contra Ley que se ha permitido decir el Sr. Fernández, me resulta indignante que no dimita. Y peor aún que no lo cesen desde el gobierno.

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