Buscando culpables

El gobierno de Aznar, que infló,  alimentó y jaleó la burbuja inmobiliaria con manifiesta imprudencia;

El de Zapatero, que con manifiesto oportunismo la mantuvo viva y activa pese a ser muy consciente de su condición explosiva; y que cuando vinieron las olas de 30 metros repetía desde el timón aquello de que el mundo entero nos envidiaba por la salud de nuestro sistema financiero;

Los dirigentes de Caja Madrid en la época de las vacas gordas, que se metieron hasta las cejas en el “negocio” inmobiliario y convirtieron a la caja en un enorme negociado de concesión de hipotecas (las subprime españolas), creyendo que la muy engañosa abundancia de entonces sería para toda la vida;

Los políticos del PP que tomaron Caja Madrid como el escenario de sus guerras civiles internas, al grito de “quien manda en la Caja manda en Madrid y quien manda en Madrid manda en España”;

Los dirigentes de Bankia en la época de las vacas flacas, que primero hicieron una fusión disparatada (juntar cajas malas con cajas malas no puede dar como resultado un buen banco), luego se negaron a hacer la fusión sensata, con La Caixa, que les podía haber salvado (o haber hundido a La Caixa, nunca lo sabremos porque en realidad lo único que allí se discutió fue quién mandaría en la entidad resultante), y en el tramo final trataron de engañar a todos y en todo para seguir tirando unos meses;

Las direcciones de los partidos políticos, que teniendo como tienen representantes en todos esos consejos de administración ni siquiera se tomaron la molestia de interesarse por la situación y dar orientación a sus consejeros para evitar el desastre –o al menos, para salvar su posición;

Los propios consejeros, que fueron asistiendo y asintiendo sumisamente a todo lo que se les contaba (que no era ni la mitad de la mitad) aunque la cosa apestaba a chamusquina desde lejos;

Los gobiernos autonómicos, encaprichados con el juguete de una institución financiera a su servicio y siempre reacios a cualquier iniciativa de fusión –o simplemente de racionalización- con el socorrido discurso de “la identidad de nuestra tierra”, que ya se sabe que sirve igual para un banco que para un bailongo.

El Banco de España, tan estricto para exigir reformas laborales y recortes sociales y tan laxo para permitir a los grandes bancos que campen por sus respetos y se metan en toda clase de líos confiando en que al final alguien –es decir, el dinero público- vendrá a sacarles del apuro y a tapar los agujeros;

La CNMV, que ha permitido mantener abierta la cotización de Bankia durante toda la semana y con ello ha abierto no un agujero sino un socavón en los bolsillos de los inversores –millones de pequeños inversores que no tiene la culpa de nada salvo por haber confiado en “su” Caja;

El gobierno actual, cuya forma de manejar (¿) esta crisis pasará a los anales de la historia de las chapuzas (¿y éstos inútiles eran los que presumían de gestionar bien la economía? Al tal De Guindos me parece que le pasa lo que a muchos otros de su gremio: que sabe mucho de números pero no sabe qué hacer con ellos);

Las empresas constructoras y promotoras que durante años se dedicaron a hacer las casas que no se necesitaban y a cebar la bomba de una insensata escalada de precios;

Los ciudadanos y las familias que, deslumbrados por el oropel, se lanzaron a pedir los préstamos que no podían pagar para comprar las casas que no podían mantener;

Los bancos que dieron a mansalva los créditos y las hipotecas que no podrían cobrar(¡a 40, 50, 60 años!) y que ahora se ven convertidos en gigantescas inmobiliarias, aprisionados por millones de pisos impagados que nadie quiere;

Los propietarios y directores de los medios de comunicación que comunican lo menos posible sobre estos temas porque el que más y el que menos tiene deudas pendientes con bancos y cajas que les prestan dinero sin hacer demasiadas preguntas -entre otras cosas para tenerlos cogidos por ese sitio en el que usted está pensando y con ello comprar protección mediática, hoy por ti y mañana por mí;

Las autodenominadas “autoridades europeas”, cuya falta de autoridad es uno de los problemas más graves que padece Europa, y que han montado una cosa llamada Banco Central Europeo que en realidad no termina de ser ninguna de las tres cosas, sino más bien la sucursal financiera del gobierno alemán;

Los políticos e intelectuales orgánicos de la derecha alemana, europea y española –citados por orden de influencia-, que suspiran por volver a los tiempos felices del reaganthatcherismo y para eso nos han vendido la milonga de que el problema de esta crisis es el déficit, los servicios públicos y las políticas sociales,  cuando desde el principio (desde Lehman Brothers) se sabe que el epicentro del terremoto son los bancos y los mercados financieros fuera de control;

Los políticos de la izquierda que viven del prestigio del Estado del Bienestar de Brandt, de Palme –y aquí de González-, sin querer admitir en voz alta (“si lo decimos, nos matan”) lo que reconocen en voz baja: que aquello ya pasó y no volverá, y que es tiempo de que la izquierda abandone el resistencialismo nostálgico y ponga en pie un modelo progresista de sociedad nuevo y distinto;

Los millones de ciudadanos europeos que creen encontrar la respuesta en el regreso al nacionalismo reaccionario (perdón por la redundancia);

Los trabajadores que votan irracionalmente a la extrema derecha por pura rabia;

Los izquierdistas que se movilizan airados cuando gobierna la izquierda y se limitan a refunfuñar en privado cuando gobierna la derecha;

Los dirigentes del PP, verdaderos virtuosos de la ley del embudo –lo ancho para mí, lo estrecho para ti- a quienes sólo preocupa sacudirse las molestas pulgas de la responsabilidad (todo el poder sin ninguna responsabilidad, el viejo mantra de la derecha española de toda la vida), inventarse culpables por doquier y  seguir alimentando la leyenda de que Zapatero fue el toro que mató a Manolete…

En fin, constatar que todos somos un poco culpables y que no hay nada parecido a un culpable universal me parece una aproximación honesta y racional a nuestros problemas. O sea, que todo el tiempo que empleamos  en identificar a los culpables es tiempo perdido. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra; pero da igual decirlo, porque todos seguimos tirando piedras, celebrando cuando acertamos en la crisma del de enfrente y, eso sí, sin soltar jamás la brocha gorda en nuestros discursos. Mientras, el incendio avanza, implacable.

Y sí, antes de que me lo diga nadie ya lo digo yo: esto es también una autocrítica.

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Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
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5 respuestas a Buscando culpables

  1. Carmelo Martínez dijo:

    “Yo soy un humilde ciudadano”. Ya. Pues yo sí creo que existe una responsabilidad grande en los humildes ciudadanos. Entre otros motivos, por votar a gente como Camps. Pero hilemos más fino: Si un ecuatoriano se sube a un andamio y, según cobra sus primer sueldo -o el cuarto-, se hipoteca para cuarenta años, ¡vaya si es responsable de semejante bestialidad! El codicioso banco no está solo. Para bailar un tango hacen falta dos.

  2. Me ha gustado mucho tu post Ignacio. Me lo ha recomendado mi amigo Pablo Gómez de Pablos. Te voy a seguir así que me apunto a recibir tus post por correo. De paso te envío link a mi blog, “Sin derramamiento de tinta” que espero sea de tu gusto: http://wp.me/pIsTk-em

    Encantado,

    Antonio Babío

  3. crmn dijo:

    El post me parece sensato y didáctico. Pero yo, en este caso, estoy completamente libre de pecado y puedo y quiero tirar piedras a todos los demás de la lista. Si tengo que hacer alguna autocrítica es no haber empezado a tirarlas ya. !Que desastre! Y no ha hecho más que empezar …

  4. jimhacker dijo:

    Querido ignacio. como siempre te superas y no puedo estar mas de acuerdo con lo que dices a pesar del seudónimo yo creo que sabrás quien soy (el que comentaba yes minister en el parrillon) asi que a partir de ahora ya se con que blog disfrutar

  5. Juan Colmenero dijo:

    El decir que todos somos culpables es una forma de diluir la responsabilidad de los gestores o gobernantes, para que éstos no paguen por el daño que han hecho. A ver si ahora va a resultar que los soldados que mueren en la batalla son los culpables de haberla perdido y no el inútil del general que con sus órdenes absurdas los ha conducido al matadero.
    En éste caso Blesa, Rato y Oliva se han llevado pingües beneficios por su mala gestión, al igual que Aguirre, Gallardón y Camps que además han usado a las cajas como campo de batalla política.
    Yo soy un humilde ciudadano que lo único que ha hecho es trabajar y creerme lo que me contaban, no tenía datos para pensar lo contrario. Y las voces que ahora saben y dicen tanto, antes estaban calladas. A toro pasado todos somos valientes.
    A ver si ahora vamos a tener también la culpa de la muerte de Manolete.

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