Que las mentiras parezcan mentira

Cuando se aprobó la ley que convertía a RTVE, al fin, en un medio que mereciera ser llamado informativo y público, muchos en la izquierda, llevados por nuestro irremediable optimismo histórico, celebraron el hecho no sólo por el contenido de la ley, sino también porque, decían, “este es uno de esos avances que resultan irreversibles”. Después de este paso, decíamos llenos de candor, nadie se atreverá a volver a la televisión como máquina de agit-prop del partido en el gobierno.

Digo yo que nos debía haber puesto sobre aviso lo de Telemadrid y otros bodrios infectos por el estilo que ahora quieren vender (lo mismo que terminarán haciendo con TVE: usar y tirar). O cuando se fue Oliart y contaron los meses que les quedaban para ganar las elecciones y hacer lo que ahora han hecho: creamos un vacío de poder y luego damos el golpe en el BOE argumentando que hay vacío de poder… de manual, oiga.

Pero como nos gusta creer lo de los avances irreversibles, en aquel momento nos quedamos tranquilos y felices creyendo que habíamos hecho historia y que nadie se atrevería…

Se atreven, vaya si se atreven. Si de algo puede servir esta cacicada, es para que aceptemos de una vez por todas la idea de que para la derecha española no hay nada irreversible (y como diría Chacón: cuando digo nada, quiero decir nada).

Que conste que el viernes en Moncloa se perpetraron varios atropellos mucho más graves que éste; pero esto de la tele es interesante y preocupante porque nos remite al código genético de la derecha carpetovetónica, que pasan las décadas y sigue sin ser homologable.

El caso es que yo creo que ellos saben muy bien que manejar políticamente la televisión pública no es hoy ni la mitad de importante de lo que fue en el pasado. Por suerte,   hace ya tiempo que controlar los medios de información no equivale a controlar la información; el último que creyó tal cosa fue Aznar el 11 de marzo de 2004 y le pasó lo que le pasó. Y desde entonces, la cosa ha ido a más. La información se ha vuelto líquida -a ratos, gaseosa- y está en todas partes: ya no hay manera de encerrarla en un despacho.

Hoy tener una televisión al servicio de un partido-gobierno sirve principalmente para acariciar el ego del gobernante de turno y para que los políticos del partido no se lleven un berrinche cada vez que ven un telediario (me los imagino perfectamente: “Presidente, esto es intolerable, ¿viste lo de ayer?, ¿para esto hemos ganado las elecciones?”). Como además va a caer a plomo la audiencia de los partes oficiales recuperados para la causa,  más inútil todavía el cuartelazo televisivo.

Ya digo, yo creo que lo saben. Pero es que no lo pueden evitar, es superior a sus fuerzas. Levantar un teléfono y ordenar lo que tiene que salir en la tele al mediodía y por la noche forma parte de su concepción de lo que es el ejercicio del poder. Si no pueden hacerlo, es  como si no mandaran:  como un militar que no pudiera dar una orden a sus tropas y que se cumpliera. Una cosa es que la televisión sea independiente e imparcial cuando gobierna cualquier advenedizo y otra cosa es que quiera serlo cuando vuelve a gobernar quien debe, faltaría más. En el fondo, les comprendo: para ellos, ese es el orden natural de las cosas.

Zapatero hizo una gran cosa dignificando a la televisión pública y haciéndola fiable por primera vez en su historia. Además, para ser justos, me consta que fue un empeño personal. Pero no, aunque nos gratificara creerlo, no era un avance irreversible. Ninguno lo es. También creímos lo mismo cuando otro gobierno socialista universalizó la sanidad y la educación, y mira lo que está pasando. Nada es irreversible: con esta gente, no.

Pedía Sabina en una de sus canciones “que las mentiras parezcan mentira”. Bueno, esto es lo que se va a ver a partir de ahora en la tele que se acaba de comprar Rajoy: mentiras con aspecto de mentiras.

En fin, estuvo bien mientras duró. De momento, una opción menos en el mando a distancia. Y ya van quedando pocas…

Anuncios

Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
Esta entrada fue publicada en Política. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Que las mentiras parezcan mentira

  1. Muy bueno, te lo he rebloggeado en mi blog.
    Creo que la ciudadanía no nos damos cuenta de la importancia de una información veraz y de como con pequeñas acciones se van recortando el ejercicio de nuestros derechos. Buenas noches y..¿Buena suerte?

  2. Pablo Gómez de Pablos dijo:

    Me hace mucha gracia como todo el mundo se revuelve contra el tema este. RTVE ha estado siempre a la orden del partido que gobierna sea cual sea la época en que lo mires (con Gónzalez, con Aznar y con Zapatero). Si el punto es que se ha atropellado un proceso de consenso que sólo sirve para poner un presidente de 80 años incapaz de sacar adelante un proyecto sostenible y de evitar que se sigan cometiendo “errores técnicos” sin ninguna mala intención, no me parece tan grave.

  3. Carmen dijo:

    Muy bueno y muy triste.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s