Ruedas de molino

Hay que reconocer que Mariano lo tiene difícil. Tiene que convencer al personal de cosas muy raras: por ejemplo, que si se facilita el despido se crearán empleos. O que si se asfixia la actividad económica se recuperará el crecimiento. O que si se perdona a los defraudadores de impuestos se pagarán más impuestos y aumentarán los ingresos. Todo de puro sentido común, como le gusta decir a nuestro prócer favorito.

Por no hablar del hallazgo genial de su ministro de justicia, según el cual hay que volver a criminalizar el aborto…¡para prevenir la violencia de género! (horrorosa expresión, por cierto, que desgraciadamente ha hecho fortuna).

Y es que la plebe, sin duda contaminada por la muy perniciosa labia rubalcabiana, tiende a pensar equivocadamente que si tú facilitas el despido, lo que habrá son más despidos; si ahogas la economía, más recesión; y si perdonas a los defraudadores, habrá más fraude. Y por supuesto, que asociar el derecho al aborto y la violencia contra las mujeres es, por decirlo suavemente, una gamberrada intelectual…y un morro que se lo pisa, el señor ministro.

En fin, nadie dijo que fuera fácil predicar la verdad verdadera en tierra de herejes; que se lo digan al obispo listillo que aprovechó que estaba saliendo en la tele para solicitar el regreso de algo tan nuestro y tan entrañable como la santa inquisición; y el rojerío, mordiendo el cebo una vez más, se rasga las vestiduras y monta una indignada polvareda en lugar de tomárselo a cachondeo, que es lo que corresponde. Como si a alguien le importara a estas alturas lo que digan los obispos…

Nunca he entendido muy bien por qué estos clérigos, que dicen que no se acuestan con nadie, llevan tantos siglos obsesionados por vigilar con quién se acuestan los demás. Suena a envidia cochina, ¿no?

Algunos de mis correligionarios, tan dados a los conceptos solemnes, llaman a todo esto “la batalla de las ideas”. Pues oiga, qué bajo han caído las ideas. A mí me parece que los florianos, cospedales y roucos de ayer y de hoy, si alguna batalla han dado toda la vida es precisamente contra las ideas, pero vaya usted a saber…

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Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
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Una respuesta a Ruedas de molino

  1. Carmen dijo:

    Estás bien guapo en la foto.

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