That’s life

Ochenta y dos años es lo que, según las estadísticas, dura la vida media de los españoles de hoy; ochenta y cinco si hablamos de las españolas (me abstendré, por tener la fiesta en paz, de profundizar en los motivos de esta suerte de discriminación positiva).

El caso es que ochenta y dos años son cerca de treinta mil días. Si dormimos ocho horas diarias, tenemos unos veinte mil días para hacer todo lo que hay que hacer en la vida. Qué quieren que les diga, a mí me parece poquísimo.

Pero los humanos, en lugar de vivir cada uno de esos días como un bien preciado y escaso, los derrochamos con una prodigalidad asombrosa. Dejamos pasar los días como si nos sobraran, hacemos que cada uno se parezca al anterior y al siguiente; y cuando caemos en la cuenta de que ya nos van quedando pocos nos arrepentimos del tiempo perdido, pero ya es tarde. Porque, como dijo Kierkegaard (o al menos Cela aseguraba que lo dijo), polvo que no se echa, polvo que no se recupera. Y lo que vale para los polvos vale para todo lo demás.

Claro que probablemente es inevitable que nos comportemos de esta manera. Dice un buen amigo mío que lo que pomposamente llamamos libre albedrío consiste, en realidad, en que cada uno elija su manera de esperar a la muerte (algunos, como se impacientan en la espera, corren en su busca). He aquí lo único que diferencia esencialmente a los humanos del resto de los animales: que éstos no saben que van a morir y, por tanto, no tienen que decidir qué hacer con sus vidas.

La cosa debería ser más fácil para quienes creen en la vida eterna, pero yo no advierto gran diferencia en la actitud de unos y otros. En realidad los creyentes temen a la muerte exactamente igual que yo y la consideran, como yo, una canallada que nos juega el destino y no un simple tránsito de una a otra forma de vida. Lo que creo que de verdad piensan es  que está bien lo de la vida eterna bajo palabra de honor, pero que más vale pájaro en mano que ciento volando y mejor no hacer la prueba.

Y sin embargo, quizá sea precisamente la conciencia de que la vida es breve lo que ha hecho posible la civilización humana. Tengo para mí que si fuéramos inmortales o, como los animales, nos lo creyéramos, el mundo sería un lugar inhabitable. Cuando olvidamos nuestra condición de seres efímeros somos ambiciosos, agresivos, violentos; luchamos por cada gramo de riqueza y de poder; nos enfrentamos por asuntos nimios; convertimos los episodios cotidianos en trascendentales y por ellos nos amigamos y nos enemistamos con pasión digna de mejor causa.

Cuando la muerte irrumpe entre nosotros, todo cede y nos volvemos comprensivos, solidarios, humildes. Hace falta que los terroristas nos pongan doscientos muertos encima de la mesa para que estemos dispuestos a compartir la calle con nuestro adversario político; hace falta que alguien muera para que se pongan de manifiesto sus virtudes y para que sus personas más próximas reciban cariño y compañía sin condiciones. La muerte propia nos espanta; la de los demás nos humaniza.

Bueno, pues que cada uno calcule por encima los días que razonablemente le quedan y vaya pensando qué se propone hacer con ellos. Verán como se nos quitan las ganas de molestar al prójimo. Y es que, como cantaba el gran Sinatra, That’s life

Anuncios

Acerca de Ignacio Varela

Ni guapo ni feo, noctámbulo y cardiópata, moderadamente de izquierdas, ateo y madridista, jugador de bridge, del PSOE desde 1974, electorero, enamoradizo sin éxito.
Esta entrada fue publicada en Sueltos. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a That’s life

  1. Ana Francés dijo:

    Tienes toda la razón, como “casi” siempre. Sí, la vida es corta. Muy corta. ¡Hay tantas cosas que aprender…! ¿Por qué perdemos el tiempo en inutilidades, si no disponemos de demasiado? Yo, que aunque no he calculado ni siquiera razonablemente el que me queda, ya sé en qué lo voy a invertir: en ver crecer a mis hijos, en tratar de hacer felices a quienes me rodean, en apartarme de mezquindades, en escribir y, en definitiva, en seguir intentando perseguir la felicidad.

    Me divierte cómo te defines en la cabecera de tu blog, aunque tratándose de una persona tan culta, inteligente, impredecible, amigable y amena como tú, me resulta algo parco.
    Te quiero,
    Ana

  2. Carmelo canales dijo:

    La inmortalidad es, entre otras cosas, absurda. Borges lo vio en el cuento “El Inmortal”. El protagonista llega a la aldea de los inmortales y, entre otras cosas, cuenta que uno de ellos cayó en una fosa y tardaron sesenta años en sacarlo.
    Opino, como la patrona de la casa de putas de “Pretty babe”, de Louis Malle (y ya era hora de que alguien lo dijera) que “¡la vida es tan larga!”. De hecho, nos pasamos la vida como mi abuelo Vicente, que sólo cerraba los domingos por la tarde su Librería en el Espolón de Burgos y esa tarde cogía un autobús a Fuentes Blancas “para matar el tiempo”.
    No hace falta tampoco ser un pesimista para saber que la vida es tonta, endiabladamente tonta (lo que no la exime de interés, léase Proust). Fijaos en lo que hacéis (hacemos) y lo comprobaréis. Azúa dijo “Nada ata tanto como el tedio, de ahí el enorme éxito del vínculo matrimonial”. Pessoa inventó lo que ha sido mi lema: “Elegir distintos modos de no actuar fue siempre el escrúpulo y la atención de mi vida”. El propio Pessoa, dijo de sí humildemente lo que podrímos decir todos con un poco de sinceridad: “Yo no soy un pesimista. Yo no hablo del horror de la vida, sino del horror de la mía”.
    Perdemos la vida porque no hay manera de ganarla. Francisco Umbral -perdonadme tantas citas-, en Travesía de Madrid- libro que escribió con sólo 30 años, decía: “Que aproveche la vida…. ¡Joder, ¿y cómo se aprovecha la vida?”

  3. Carmen dijo:

    Te has currado el blog. Me gusta. Te seguiré.

  4. magna dijo:

    ¡¡Me encanta Ignacio!! Deberias escribir todo el rato sobre estas disquiciones, lo haces
    con un gran estilo, y expresas lo que sentimos y pensamos muchas personas.
    Un abrazo

  5. laubarreiro dijo:

    en las mismas disquisiciones ando yo, últimamente… me encantó, Varela…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s